La fascinación por el tatuaje salta de la piel al museo


El tatuaje debe su nombre al tatau polinesio que la tripulación europea del capitán Cook descubrió en el siglo XVIII, aunque por aquel entonces la práctica de tatuar llevaba realizándose más de 3.000 años. Su historia encierra rituales mágicos y sociales que se han extendido hasta nuestros días, cuando el 12% de la población europea lleva, al menos, un tatuaje. O lo que es lo mismo: arte bajo la piel. Así lo recoge la mayor exposición sobre el universo del tatuaje que el Musée du Quai Branly - Jaques Chriac inauguró en 2014 en París, y que acoge ahora CaixaForum Madrid (Paseo del Prado, 36) hasta el 17 de abril. Tattoo. Arte bajo la piel es más que una muestra: es un viaje sincero a través de la mirada de tatuadores y tatuados; un análisis antropológico del nexo único que los une, artístico, íntimo, casi místico.

"Todo el mundo se interesa y tiene algo que decir sobre el tatuaje", afirma su comisaria, Anne Richard, fundadora de la revista HEY! Modern Art & Pop Culture. Bajo esta premisa la exhibición ofrece más de 240 obras –hay pinturas, dibujos, fotografías, libros, sellos e incluso máscaras– procedentes de países como Japón, Estados Unidos, Francia, Suiza o Polinesia.

Los artistas Horiyoshi III, Filip Leu, Mark Kopua, Kari Barba, Jee Sayalero y la madrileña Laura Juan, cuya obra reflexiona sobre el aislamiento social en la pandemia, son los autores de una veintena de prototipos de cuerpos hiperrealistas modelados en silicona y tatuados con tinta, creados expresamente para esta exhibición. "Cada volumen de silicona es un cuerpo siempre distinto. Hay mujeres, hombres, edades y formas diferentes", apunta Anne Richard.

Entre los participantes también se encuentra la tatuadora filipina Whang-od Oggay, de 104 años, considerada la última maestra que utiliza el batok, un tipo de tatuaje tradicional hecho a mano.

Tattoo. Arte bajo la piel está estructurada en cinco paradas que abordan la vinculación del tatuaje con lo marginal, su expansión por el mundo, el renacimiento de su uso tradicional en algunas regiones y el afán por su renovación. En palabras de Richards, "en la exposición hay obras antiguas, pero también modernas. Obras de los siglos XIX y XX que, en realidad, nunca antes habían sido observadas".



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